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• Planimetría: grado de homogeneidad de la cota superficial del pavimento.
Se debe exigir que la superficie final sea lo suficientemente plana dentro
de las limitaciones constructivas, sin baches, abultamientos ni
ondulaciones. La tolerancia máxima admitida dependerá del espesor y del tipo
de revestimiento final.
La mejor forma de comprobar la planimetría es mediante una regla de obra.
Así, para revestimientos delgados (2,0 a 5,0 mm de espesor) no deben
admitirse irregularidades superiores a la mitad del espesor del
revestimiento cuando se comprueba mediante regla de 2 m.
• Rugosidad: textura superficial que presenta un suelo. Para
revestimientos delgados, deberá ser uniforme y lisa. En otros casos puede
ser óptima una superficie microrrugosa y uniforme, ya que a la adherencia
química se suma una adherencia mecánica suplementaria. En el caso de
pinturas lisas, la textura final será, en gran medida, la que se refleje del
soporte.
• Porosidad: capacidad que tiene un suelo de absorber agua. Se considera
absorbente cuando al verter agua sobre el mismo, ésta es absorbido en un
tiempo comprendido entre 1 y 5 minutos. Si el agua resbala sin empaparlo, el
suelo se considera poco absorbente o impermeable.
• Humedad. El suelo debe estar sano, con ausencia de agua ascendente
por capilaridad y, en la mayoría de los casos según el tratamiento a
aplicar, deberá estar también seco, considerándose así cuando la tasa de
humedad sea inferior al 3% medida mediante un higrómetro adecuado.
• Limpieza: debe eliminarse todo resto de pintura, yesos, pasteras y, en
general, todo material extraño mal adherido.
• Resistencia. La superficie a tratar deberá presentar una buena
cohesión superficial, con ausencia de polvo y tener la resistencia mecánica
adecuada al uso previsto.
Dichas propiedades son función no sólo de la calidad del pavimento y
revestimiento aplicado, sino también de que la aplicación se haya llevado a
cabo en las mejores condiciones. El éxito en la aplicación de un
revestimiento depende en gran medida del estado y características de la
superficie sobre la que se va a realizar dicha aplicación. Por ello debemos
prestar una especial atención a la operación de preparación del soporte y
acertar con el método más adecuado para ello.
PREPARACIÓN PREVIA DE
SOPORTES DE HORMIGÓN
Objetivos:
En el caso de superficies de hormigón nuevo, con las operaciones previas de
preparación del soporte se
pretende eliminar:
• La lechada superficial de, aproximadamente, 1,0 mm de espesor que se forma
durante el vibrado y, en general, durante el moldeo. La lechada da al
hormigón un aspecto de agradable buen acabado. A pesar de ello, siempre que
se tengan superficies de este tipo debe procederse a una limpieza a fondo,
porque tienen una baja adherencia al hormigón propiamente dicho y se
degradan fácilmente por abrasión.
• Cualquier tipo de grasa o suciedad que pueda hacer, en el momento de la
aplicación, el papel de agente de desmoldeo.
Es muy interesante hacer notar la frecuencia, cada vez mayor, con que se
utilizan agentes de curado que se aplican a la superficie del hormigón
fresco, formando una membrana que impide la evaporación prematura del agua
de amasado. Estos agentes de curado son, frecuentemente, ácidos grasos o
materiales resinosos que hacen perfectamente dicho papel de agentes de
desmoldeo. No puede asegurarse la ausencia de este tipo de productos o
desencofrantes sin un detenido examen.
De igual importancia, e indirectamente relacionado con la preparación de
superficies, es la edad mínima que debe tener un hormigón, plazo que es
recomendable esperar antes de iniciar la aplicación del sistema.
Esta edad se cifra en 28 días para un hormigón convencional, sin que medien
circunstancias especiales y para elementos de dimensiones medias. La razón
para exigir una edad mínima es tener la certeza de que se ha producido la
retracción inicial y que se ha alcanzado una distribución y grado de humedad
en la masa muy próximos a los de equilibrio.
En el caso de hormigones con algún período de servicio, la preparación debe
asegurar la completa eliminación de la lechada y de los agentes de curado
que todavía puedan quedar a pesar del uso, así como de todas las impurezas
que pueda haber acumulado.
Otro efecto no deseable, que puede encontrarse en hormigones viejos, es la
presencia de superficies pulidas que también deben hacerse desaparecer. Por
último, es necesario eliminar especialmente las sales que se utilizan para
el deshielo, cloruros en general, que pueden provocar la degradación de la
capa superficial del hormigón.
En algunos casos en los que la contaminación alcanza una intensidad mayor en
determinados puntos localizados, es preciso dedicar una atención especial
efectuando una operación de pre-limpieza que solo afecte a dichos puntos.
Métodos recomendados de preparación
La superficie a tratar deberá ser resistente, lisa, sin porosidad que
pudiera dar lugar a cráteres o burbujas,
así como estar limpia, seca y exenta de polvo, grasa y materias extrañas que
pudieran impedir o disminuir
la adherencia del revestimiento al soporte. Las grietas y fisuras, en caso
de existir, se corregirán aplicando
el tratamiento adecuado para cada caso.
El procedimiento de preparación del soporte a aplicar dependerá del estado
del soporte y del grado de
preparación que se quiera conseguir, seleccionando entre los que se
describen a continuación aquél que
cumple mejor nuestras expectativas.
• Técnica de Granallado.
Procedimiento basado en el chorro de granalla que consiste en proyectar,
sobre la superficie a tratar,
bolas de acero de 2,0 mm de diámetro máximo a gran presión y alta velocidad,
empleando para ello
una máquina especial que, a la vez, aspira la granalla, el polvo y los
restos de la superficie tratada,
resultando un procedimiento óptimo y limpio.
En función del tamaño de la granalla se pueden obtener distintos tipos de
rugosidad. La fuerza de la
granalla arranca pintura, suciedad, óxido, hormigón, ... siendo recogidos
por el canal de retroceso y
llevados hasta un separador. El polvo y los restos del material granallado
son absorbidos por el aspirador,
volviendo la granalla al circuito. De esta forma se limpian y perfilan
superficies horizontales y verticales
de hormigón, piedra, asfalto y acero, eliminando suciedades, capas antiguas,
pintura y óxido, sin utilizar
para ello productos químicos ni provocar polvo o humedad.
• Escarificación mecánica.
La escarificación con maquinaria pesada puede remover de 0,1 a 0,3 cm de
capa superficial, dejando
incisiones poco profundas sobre la superficie. Para obtener un rendimiento
aceptable es necesario dar,
al menos, dos pasadas en direcciones que formen un ángulo de 90º, con el fin
de que toda la superficie
resulte igualmente tratada. En trabajos pequeños, en rincones y lugares
difícilmente accesibles, se utilizan
pistoletes neumáticos con boca tipo bujarda o de punzones múltiples. Es
preciso advertir que una
insistencia prolongada del tratamiento de los áridos gruesos con bujarda
puede provocar dislocaciones
en su unión con el resto del hormigón, lo cual no es deseable. Como en todos
los casos, las partículas
sueltas deben retirarse, a ser posible por aspiración.
• Ataque químico.
Este es, quizás, el método más extendido en la industria de la construcción.
Es económico y puede
realizarse, en trabajos pequeños, con un mínimo de equipo, o mecanizarse
completamente cuando se
trata de grandes obras. Para una mayor efectividad, debe llevarse a cabo con
todo cuidado, ya que de
otro modo pueden producirse defectos en los resultados de la aplicación
siguiente.
La solución del ácido puede hacerse a mano o por pulverización. Normalmente
se utiliza una solución
1:3 de ácido clorhídrico comercial, es decir, 1 volumen de HCL (20º Baumé)
con tres volúmenes de agua.
Es conveniente remover mecánicamente el ácido sobre la superficie de modo
que alcance por igual a
toda la extensión a tratar.
El ataque inicial se manifiesta en forma de un violento burbujeo que dura
unos pocos minutos, y deja
un residuo, verdoso en general, que debe ser retirado completamente
aplicando chorros de agua a
presión. El chorro de agua es el método más rápido y eficaz para arrastrar
las partículas finas, las sales
y demás contaminaciones cuya eliminación es imprescindible para asegurar la
adherencia de una aplicación
posterior.
En algunos casos, a pesar de haber realizado un cuidadoso lavado, queda una
acidez residual. Esto puede
comprobarse con un trozo de papel tornasol húmedo colocado sobre la
superficie de hormigón. Esta
acidez también debe hacerse desaparecer, pues puede provocar irregularidades
en la adherencia,
efectuando un lavado con una solución diluida de amoniaco en agua y
posterior lavado con agua
abundante.
Como siempre, es necesario que la superficie esté completamente seca antes
de realizar cualquier
aplicación.
• Tratamiento con chorro de agua.
Consiste en proyectar agua fría a alta presión contra la superficie a
tratar. El efecto conseguido es parecido
al del chorro de arena, pero tiene como inconveniente que deja la superficie
húmeda, exigiendo
igualmente un período de secado del hormigón.
PREPARACIÓN PREVIA DE SOPORTES DE AGLOMERADO ASFÁLTICO
Las operaciones previas a la aplicación de cualquier tratamiento sobre un
soporte de aglomerado asfáltico
comienzan por una limpieza previa, consistente en un barrido (manual o
mecánico mediante barredora)
o soplado de la superficie a tratar. A continuación se procederá a
determinar la calidad del aglomerado
asfáltico, comprobación de la planimetría, sellado de zonas muy porosas,
bacheos y relleno de grietas y
fisuras.
En el caso de aglomerados asfálticos viejos será necesario eliminar todos
los restos mal adheridos de
tratamientos anteriores, utilizando para ello el método más idóneo.
• Técnica de Fresado.
Es un método eficaz que puede eliminar irregularidades importantes, creando
al mismo tiempo una
superficie rugosa, nivelada y compacta, muy apropiada para dar una buena
adherencia. Consiste en
tratar el soporte con máquinas provistas de tambores con unas piezas
metálicas que giran en sentido
perpendicular a la superficie del hormigón rompiendo su superficie. Después
de la operación, las partículas
deben retirarse, por medio de barrido mecánico, aspiración y posterior
soplado con chorro de aire.
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